domingo, 14 de septiembre de 2008

ÉVORA

-Mi nombre es Évora Fontán, creo que me esperaban.

Acto seguido saco un par de metralletas de mano de algún rincón entre los pliegues de mi falda y cumplo mi contrato. Las balas volaron silbando un requiém por el alma de aquellos pobres diablos que pronto iban a reunirse con su amo en el averno. Una vez decorada la pared con su sangre y tras pensar que debería ser interiorista, me agacho a registrar los cuerpos, siempre hay alguna paga extra, no obstante no es bueno enfadar a Caronte, así que dejo propina.

Me gusta relajarme después del trabajo y la verdad es que siempre he querido dar vueltas en un sillón de cuero grande y mullido de los que salen en los despachos de los jefes de empresa de las películas americanas. Así que aprovecho el momento y aparto cuidadosamente el cadáver de Jeff Miles, un asqueroso gordo calvo y pederasta dueño de la franquicia de High Corps. Él sí merecía su muerte, los demás simplemente iban en el lote. Acabo tirando el cadáver a mis pies y me siento en su sillón, todavía caliente, abro mi pitillera y saco uno de mis cartuchitos de la risa, lo enciendo y comienzo a fumar a la vez que voy dando vueltas sobre la silla con los pies por alto. De repente un ruido de cristales rotos me hace saltar cuerpo a tierra desde la silla. ¿Qué ha sido eso? Oigo un ruido metálico rodar por la estancia, me asomo desde el suelo, veo una granada de humo deshaciéndose, creo que le he robado el trabajo a alguien. Vuelvo a desenfundar mis queridas uzis y aguardo en mi trinchera de cadáveres y muebles caros. La primera oleada no se hace esperar, en cuestión de segundos se ven unas cuerdas a través de los cristales y antes de que uno pueda decir el color del edificio de enfrente, tres tipos con uniforme de faena, máscaras de gas y unos fusiles que parecen de película irrumpen en el despacho disparando sin ton ni son. Aficionados, primero rompen la ventana haciendo que el gas se disipe, las máscaras les cortan visión y además derrochan la munición sin apuntar. Aprovecho el ruido de sus tiros para volarles los genitales. Ahora están confusos y doloridos. Salgo de mi trinchera, les dedico un guiño infantil y disparo a sus máscaras. Mira por donde al menos me han proporcionado una salida alternativa y mucho más directa, adoro el rappel. Comienzo a bajar sintiendo el aire meciendo mi pelo. Recuerdo las brujas en sus aquelarres volando orgásmicas sobre sus escobas, me siento igual. LLego a tierra firme, tiro mi caña de hierba al suelo, cargo mis uzis y me voy a la oficina, hoy tengo horas extras.

5 comentarios:

MIGUELo dijo...

Umm, no acabo de estar satisfecho con los relatos de Évora, me cuesta escribir en un estilo que le pegue.

Anónimo dijo...

mmm, ya nose que comentar en tus relatos.... este no me ha gustado excesivamnt, pero es probable que sea el tema que ya sabes que no es lo que mas me gusta....besitooos

Miner dijo...

weno, ya no te pongo mas lo de que mola el vocabulario y la forma de relatar y m centro en este relato en particular. Me mola el estilo de Evora, me la imagino el tipico pivon de gabardina y sombrero q ntra en los despachos de los detectives privados sabiendolo todo sin contar nada y haciendo sonar fuerte sus tacones, lo que mas me mola del relato es el momento que hace ver a los otros q son unos aficcionados jeje, en fin q mola, espero ansiosa tus proximos relatos, un besazo!

Loren dijo...

Me gusta. Hay imágenes muy buenas, y me gusta cómo está escrito, con toda esa naturalidad, creo que si le pega a Évora... Yo a ella le pongo la cara de una que hay en la resi, es un poco "cani" (o como se diga), pero le va bien...

Loren dijo...

Y veo que hay más relatos, los leeré en cuanto pueda... Ahora son lod dos, y la gente oringada tiene mañana clase, jejej. Un gran saludo.