viernes, 13 de febrero de 2009

VICTORIA Y SOLEDAD

Me arrastraba sobre mi sangre, como si yo mismo fuera un gusano que iba a comerse la putrefacta carne de mi propio cadáver. El instinto de supervivencia aflora cuando menos se lo espera uno, me veo aquí, tratando de ocultarme para seguir disparando cuando ni siquiera puedo mover mis piernas y dejo un rastro de sangre tan evidente que es imposible que me oculte en ningún sitio, en fin, estamos hechos así.

Por fortuna aún no me ha visto, hay alguna mínima posibilidad de huir, sigo arrastrándome, deseando que no aparezca ninguna rata al olor de la sangre y la carne desgarrada, un efecto secundario del instinto de supervivencia es el olvidar cosas evidentes, el cerebro actúa tan deprisa que no tiene tiempo para cosas obvias, mierda, no se me había ocurrido pensar que en los callejones también suele haber gatos rebuscando en la basura. Lo veo moverse altivo, desafiante, estudiando la situación con tal cautela y precisión que apostaría a que su cerebro es un reloj suizo, se abalanza sobre mí y tengo el tiempo justo para disparar, que decepción, en su cabeza no había engranajes ni ruedecillas de reloj, sólo una masa que ahora está esparcida por el suelo junto a mí. De nuevo el efecto secundario, que imbécil soy, sólo a mi se me ocurre tratar de esconderme haciendo un ruido del demonio con una pistola. ¡Mierda, ahí está!

Termino de hacer limpieza en el almacén, cuento las balas que me quedan y los cadáveres, es imposible que haya fallado un tiro, alguna rata debe haber escapado. Parece que tengo razón, un reguero de sangre corre despavorido hacia la puerta, por la cantidad de sangre que hay, debo darme prisa si no quiero que se muera antes de que pueda matarle yo. Enciendo un cigarro, aspiro brutalmente y lleno mis pulmones con ese incienso sacrílego, disfrutando de un panorama en blanco y negro solo roto por un rojo riachuelo de sangre que huye por delante de mi. Otra calada más, la niebla sale de mi boca para materializarse frente a mi como un sinuoso dragón chino, de repente, el reguero tuerce a la derecha tratando de despistarme, el majestuoso silencio de la noche se ve sesgado por un tiro y el maullido de un gato, hay que ser muy subnormal para tratar de esconderse dando tiros y sangrando de esa manera. Tiro el cigarro, ya consumido y ahogado en mis penas y tuerzo la esquina, allí tirado en mitad del callejón está ese hijo de puta y a su lado hay lo que parecen ser los restos de un gato al que le han volado la cabeza, es repugnante ver a ese cabrón retorcerse con sus piernas inmóviles, huir solo prolonga la agonía. Parece que por fin me ha visto, trata de apuntar, sigo avanzando, dejo que dispare, mis cálculos son exactos y falla, me paro, me quito el sombrero, lo lanzo al aire, dejo que vuelva a disparar, tal como pensaba, el vuelo del sombrero le distrae y le hace volver a fallar, le pego un tiro, su mano recibe el impacto y se destroza igual que una piñata, no podía permitirle otra oportunidad para disparar, me acerco hacia él entre sus alaridos y examino sus piernas, no había fallado el tiro, sus piernas estaban llenas de perdigones de plomo, es el destino el que me hace tener que ser sádico, todos los demás han muerto de un tiro, ¿por qué a este tengo que joderle las piernas y volarle una mano? Sus lloriqueos y sus súplicas me asquean, le obligo a mirarme y a callarse, obedece acobardado y pide clemencia, la tendrá, un tiro seco en la frente, con el cañón muy cerca, es toda la clemencia que puedo ofrecerle. Dejo la escopeta a su lado, no era mía y enciendo otro cigarro, el último de ese paquete, el último en mi largo camino hacia un hogar redentor.

3 comentarios:

QT dijo...

¡Hello! I'm Quentin Tarantino and i've just read your tale. It's very cool and i would like to buy you the rights of that stories to make a new and spectacular film. Está guapo, irmao.

Klaus, tu juez amigo (8) dijo...

Y... jajjaja! Has caído en el burbujismo en el blog de Jul!

Celtika dijo...

Qué bien se te da el "cine negro" y lo que te gusta! :-)
Majestuosamente Tarantiniano!