viernes, 26 de septiembre de 2008

VUELTA A CASA

Frío, un frío que acicala mis huesos y aviva mi ingenio, rápidamente mi cerebro entra en ebullición. No tengo música, voy solo, ya no tengo el abrigo que me diste, sólo tengo un camino que por corto que sea se hará interminable, además iré a oscuras puesto que hace rato ya que has dejado de mirarme. Es demasiado, necesito evaporarme un minuto con el humo malvado y reparador de mi tabaco.

Ya me advirtió mi hermano que yo era como una virginal colegiala y la verdad es que tenía razón, maldita empatía o interconexión, aunque me gusta sentir la furia que a mí me falta y supongo que a él le gustará mi imaginación risueña. También tiene un instinto paternal potenciado que yo tengo menos desarrollado.

Mierda, se me ha acabado el cigarro, todo vuelve a asaltarme salvajemente, vuelve el frío, vuelve a soplar el cierzo entre mis sueños, vuelve la cruel realidad a atarme con sus cadenas de acero, si estuvieras aquí me llevarías volando con tus alas, pero ahora nada ni nadie puede salvarme, estoy solo, solo pero feliz. Guardo una media sonrisa que no se ve y un ansia que nadie conoce.

Por fin llego a mi casa, al abrir la puerta el acogedor abrazo del calor del hogar me sorprende gratamente. Debo hacer poco ruido para no despertar al Sol que está apunto de amanecer. Más abrazos, la cama me envuelve en sus vestiduras como a un mesías y el edredón está dispuesto a morir de hipotermia por mí. Gracias. Dulces sueños.

jueves, 25 de septiembre de 2008

No me apetece escribir

¡Así que musiquita pal cuerpo! Hoy, Andrés Calamaro:







Por cierto, me chana bastante el montaje con V de Vendetta para la canción "Media Verónica" que ya que no tiene videoclip oficial pos mira, el notas ese se lo ha currao un poco.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Jinetes en la tormenta



Soy un viejo trovador con el alma de raso, volando para esquivar el radar de la soledad, pero esta me atrapa, me hace el amor, me descuartiza, me lleva a sus abismos, me obliga a conocerla y, no se, jamás pensé que te vería tapando mis heridas con jirones de tu piel. Somos jinetes de acero bajo la tormenta, esquivando los rayos, bailándole a la muerte en un vals oscuro del que no podemos huir, lloremos, difuminémonos como el carmín de las diosas impías, comámonos nuestras entrañas hasta enmudecer y quién sabe si nuestra suerte cambiará...

sábado, 20 de septiembre de 2008

Parece que hay un incendio



¡Qué ganas tengo de arder!

jueves, 18 de septiembre de 2008

INQUIETO

Estoy inquieto, sentado al fondo de la barra de este lúgubre infierno, el ventilador de aspas gráciles ayuda a consumir mi cigarro. Suenan los Ramones, dándole un toque de color al lugar, "Teenage lobotomy" es lo que llega a mis oídos viajando por el aire desde los altavoces que ondean como banderas de una generación perdida, mecidos por la fuerza del bajo y la batería. Llevo un día tranquilo, he conseguido dejar de pensar durante algunas horas y hasta he sido capaz de dormir. Pero ha llegado la parda noche, con su luna redonda, puta, luminosa, hipnótica. Apuro lo que queda de mi bourbon, que atraviesa mi garganta quemándolo todo a su paso, dando fe de que este lugar es el infierno y de que bajando a mis entrañas se sentirá como en casa. Me levanto, voy al baño, me pongo la máscara, la salvación a mis temores y a mis prejuicios morales de humano, mi némesis y mi alter ego, parte de mí, simbiosis y amo de mi ser. Las canciones de los Ramones van pasando como una premonición, ahora suena "Gimme gimme shock treatment", eso tendrán esos viles y ruines personajes, dicho y hecho, mi escopeta vuelve a las andadas, estaba inquieta en mi espalda, desea vomitar sus entrañas para fecundar la carne inmunda de esos desalmados, clavarse en sus huesos como la mirada de un adolescente, desgarrar todo a su paso como eso que llaman amor, hacer volar la oscuridad con un breve fogonazo que salga de su cañón recortado. Vuelvo a la estancia de antes, las ratas me miran atónitas, una intenta bajarse del barco antes de que éste se hunda, craso error, un leve movimiento milimétrico de mi dedo índice basta para hacer trizas su columna vertebral. El resto de mierda implora, piden un perdón patético aún a sabiendas de que no lo obtendrán, hay que soñar con los pies en la tierra, la pólvora vuela en un estruendo de cien bueyes, una grata sonata para mis oídos. Los Ramones siguen prediciendo el futuro, ahora suena "I wanna be sedated", probablemente eso estarán pensando los trozos de carne que descuartizo al paso constante y firme con el que los cartuchos huyen espantados desde mi escopeta. Acabo mi grotesca función esperando la ovación de un público que no puede entenderme, en efecto no hay aplausos ni rosas para mí, sólo un ruido de cristales rotos y un olor a carne putrefacta. No me da tiempo a volverme cuando siento como las afiladas puntas de la botella atraviesan mis músculos, con un poco de azar no será nada grave. La escopeta es muy versátil, puedes abatir muchos enemigos con pocos tiros, tiene un poder devastador y un peso que la hace estable y fuerte, por lo que me basto de un culatazo para noquear al heróe que se alzaba con su improvisado puñal. Una vez en el suelo, su propia arma le ejecuta a través de mis manos.

Admiro mi obra, queda un escenario perfecto, es una pena que la gente no sepa entenderme ni ver mi arte. Se me ha olvidado pagar el bourbon, además no es bueno enfadar a Caronte y hoy tendrá horas extras. Regreso hacia la barra para depositar mi tributo y aprovecho para retomar las dulzuras que el infierno tiene, agarro la botella de bourbon y comienzo a beber como si me faltara la sed. Los Ramones siguen trayendo un apocalipsis futurista que comienza a asustarme. ahora suena "Somebody put something in my drink" y desde luego alguien debe haber puesto algo en mi bebida, porque de repente entra un policía en esta morgue y mi única reacción es invitarle a un trago. Sorprendentemente lo acepta, conmocionado por mi obra de arte, parece que alguien la admira por fin, lástima que sea un agente de la ley y el orden, pienso mientras hundo mi puño en su nuca, matándolo o dejándolo inconsciente. Ahora sí huyo del infierno que se acrecienta a mi espalda.

La máscara me está asfixiando, me arrastro hasta un callejón y al quitarmela un mundo se me viene encima, un mundo de aire, fuego y dolor. Debo acostumbrarme a no ser yo...

martes, 16 de septiembre de 2008

domingo, 14 de septiembre de 2008

ÉVORA

-Mi nombre es Évora Fontán, creo que me esperaban.

Acto seguido saco un par de metralletas de mano de algún rincón entre los pliegues de mi falda y cumplo mi contrato. Las balas volaron silbando un requiém por el alma de aquellos pobres diablos que pronto iban a reunirse con su amo en el averno. Una vez decorada la pared con su sangre y tras pensar que debería ser interiorista, me agacho a registrar los cuerpos, siempre hay alguna paga extra, no obstante no es bueno enfadar a Caronte, así que dejo propina.

Me gusta relajarme después del trabajo y la verdad es que siempre he querido dar vueltas en un sillón de cuero grande y mullido de los que salen en los despachos de los jefes de empresa de las películas americanas. Así que aprovecho el momento y aparto cuidadosamente el cadáver de Jeff Miles, un asqueroso gordo calvo y pederasta dueño de la franquicia de High Corps. Él sí merecía su muerte, los demás simplemente iban en el lote. Acabo tirando el cadáver a mis pies y me siento en su sillón, todavía caliente, abro mi pitillera y saco uno de mis cartuchitos de la risa, lo enciendo y comienzo a fumar a la vez que voy dando vueltas sobre la silla con los pies por alto. De repente un ruido de cristales rotos me hace saltar cuerpo a tierra desde la silla. ¿Qué ha sido eso? Oigo un ruido metálico rodar por la estancia, me asomo desde el suelo, veo una granada de humo deshaciéndose, creo que le he robado el trabajo a alguien. Vuelvo a desenfundar mis queridas uzis y aguardo en mi trinchera de cadáveres y muebles caros. La primera oleada no se hace esperar, en cuestión de segundos se ven unas cuerdas a través de los cristales y antes de que uno pueda decir el color del edificio de enfrente, tres tipos con uniforme de faena, máscaras de gas y unos fusiles que parecen de película irrumpen en el despacho disparando sin ton ni son. Aficionados, primero rompen la ventana haciendo que el gas se disipe, las máscaras les cortan visión y además derrochan la munición sin apuntar. Aprovecho el ruido de sus tiros para volarles los genitales. Ahora están confusos y doloridos. Salgo de mi trinchera, les dedico un guiño infantil y disparo a sus máscaras. Mira por donde al menos me han proporcionado una salida alternativa y mucho más directa, adoro el rappel. Comienzo a bajar sintiendo el aire meciendo mi pelo. Recuerdo las brujas en sus aquelarres volando orgásmicas sobre sus escobas, me siento igual. LLego a tierra firme, tiro mi caña de hierba al suelo, cargo mis uzis y me voy a la oficina, hoy tengo horas extras.

sábado, 13 de septiembre de 2008

CARTA A UNA VIEJA CONOCIDA

Hoy no hay versos para un poeta, sólo dolor y un humor que ahoga. Ya se acerca el día de la soga, tras los cristales aguardas, oscura y serpenteante, brillante como el primer día, firme como el último. ¿Nunca has pensado reír? Se te da bien. Recuerdo los días del estío floreciente, aquellos eran versos, eso sí que era sol, sólo con mirarme hacías arder mis venas hoy cristalizadas. No espero que me entiendas, compañera, sólo esperame en el colchón, allí donde mis males descansan para estar frescos al día siguiente, allí donde mis fantasmas me atormentan, en ese impío lugar donde tantas veces gocé de las curvas de una diosa.

Esta tarde los niños reían de mí, debo haberme convertido en el bufón triste que siempre añoraste, pues mi maquillaje se desvirtúa con cada lágrima y mi risa a muerto a tu servicio. Vomito en este papel todo lo que siempre quise que supieras y nunca me atreví a decirte. Tengo que abandonar mis vicios, empiezo a parecerme a los personajes de mis textos, tipos oscuros y tristes, asqueados por el mundo que les ha tocado vivir, sólo deseando que todo termine y viajar tranquilos, dejando una huella invisible pero extensa.

En esta pausa he derramado dos lágrimas egoístas, no he llorado por tu cercanía, ni por la lejanía de las diosas, he llorado por dejarme llevar por las musas y escribir esto, por no plantarle cara a mis fantasmas y por no arrinconar a mi miedo. ¡Qué coño! Voy a salir a comerme la vida, a buscar esa fémina en que materializar las musas positivas, a reír otra vez, a quitarme el disfraz que me viste de Otoño.

Esta madrugada no me esperes despierta, quiero retozar con los primeros rayos del sol, volar atado a sus brazos, beberme su cuerpo por el que caminarán mis manos. Los ángeles no tienen sexo, pues yo tengo uno y pienso encontrárselo, no me importa el tiempo que me lleve, se que no vas a moverte de ahí. Llego tarde a mi cita con el mundo.

Sólo una cosa más, no te la lleves antes que a mí.

Nos vemos dentro de unos años, tuyo por siempre...




La carta tiene su destinatario, pero os la dedico a las tres.

viernes, 12 de septiembre de 2008

CAFÉ

-¡Mierda!

Es lo primero que farfullo cuando siento que el sol golpea mi cara con violencia y me obliga a despertar de mi sueño. Hoy será un día tan malo como otro cualquiera. ¿Qué me turba? No lo sé, supongo que lo de siempre, todo y nada y ese miedo cabrón que se agazapa en mi pecho, dispuesto a hacerme estallar un día de estos. Me levanto de mi tumba diaria, me desperezo, preparando la maquinaria de mi cuerpo para otra dura rutina, corro las cortinas dejando una penumbra que permita a mis ojos acostumbrarse a la oscuridad del mundo, todo parece más real ahora. Mi esfinter me llama, voy al baño, meo. Me miro en el espejo, me aborrezco, me lavo la cara, como buscando una excusa para mi descuidado aspecto. Palpo mi barbilla, árida como un desierto con sus cactus, pincha. Ya me afeitaré más tarde, o no, ¿qué importa el aspecto cuando tus fantasmas y tus miedos te obligan a llevar una máscara y un disfraz? Enciendo un cigarro, me deleito con las espirales de humo que gatean hacia mis pulmones, en ese éxtasis no me importa que el sol acaricie mi cara, me acerco a la ventana. Veo una pareja paseando cogidos de la mano, haciéndose carantoñas, desvío la mirada, observo niños jugando felices, me revuelvo, reparo en dos chavales de unos quince años, con las mochilas escolares a la espalda, porro en mano, volviéndose adultos al ritmo de sus caladas, deseo matar y vomitar. Apago el cigarro, me dirijo al armario, observo su desnudez, sólo hay ropa de trabajo. En mi embelesamiento la cólera del mundo abre la puerta de mi habitación de una patada y se personifica en un muro negro, con más ladrillos en los brazos que yo en todo el cuerpo, me asombra, mala señal, en efecto el primer puño me golpea en el torso, obligándome a escupir sangre y lanzándome sobre la cama, pero logrando un grato efecto, el dolor me despierta, activa mi cerebro, estoy atrapado como un ratón en su jaula y necesito una salida. Me limpio las comisuras de los labios en un intento de parecer entero. Le lanzo la lámpara de la mesita de noche a la cara sin darle tiempo a reaccionar, aprovecho su descuido para correr al baño, cierro la puerta y echo el pestillo. Acabo de ganar unos quince segundos hasta que esa mula tire la puerta. Me preparo, me agazapo a pocos metros de la puerta, los justos para no ser golpeado cuando el brutal impacto de un mazo hecho de carne la haga pedazos, aún no he acabado de pensar esto, cuando la puerta queda convertida en metralla, me apoyo en el caos de astillas y serrín y me abalanzo sobre lo que el mundo consideró traerme el desayuno a la cama. Salto sobre su pecho, él aún está confuso, sin pensármelo dos veces, le afeito de un modo muy poco considerado, directo a la yugular y sin espuma, procurando cortar lo máximo posible. Los estragos de mi hazaña Davidiana no se hacen esperar, el animal se revuelve, me arroja contra el armario, destrozándonos. Su sangre comienza a llenar dos cosas: mi habitación y su furia. Ruedo justo a tiempo de ver como se estampa sobre los restos de mi maltrecho y amado armario. Respiro aliviado por un momento, parece que no va a levantarse, me equivoco, un giro y un posterior puño bastan para lanzarme sobre más mobiliario, esta vez el váter. Mi espalda se ve surcada por regueros de agua y orina, escuece, se refresca, odia. Me levanto como puedo, mi oponente espera cansado, de pie ante mí, como un coloso harto de aguantar su tamaño, seré compasivo. Cojo un trozo de cerámica, me acerco despacio y tranquilo, él cae de rodillas, como suplicando una ejecución rápida, se la doy.

Miro el paraíso postholocaústico de mi habitación, me gusta, pero no puedo quedarme. Sangro, voy al baño, limpio y curo las medallas con las que el mundo me obsequia hoy, será un día más duro, tengo la espalda y la mano derecha perdiendo vitalidad a cada segundo, las vendas y el alcohol ayudan. Me visto, poniéndome por último el sombrero que corona mi disfraz, la máscara viajará en un bolsillo, esperando su momento de enfrentarse a la cruda realidad una vez más.

Bajo al bar:

-Chill, ¿qué te ha pasado?

-El odio de la sociedad embriagada por su felicidad.

-Siempre se me olvida que es mejor no preguntarte.

Deposita el café enfrente de mí, podría decir que es el único amigo que tengo, pero no quiero pensar. Enciendo un cigarro más y me pierdo en los remolinos que la cucharilla crea en ese negro acuario. No puedo evitar pensar. Ningún sitio ha sido seguro para mí nunca, hace un rato han mancillado mi último refugio. El café resulta adverso a su propósito, me duerme, me desvanezco, descanso...

jueves, 11 de septiembre de 2008

TESTIGO

No sé por qué estaba allí realmente, entienda que el shock aún es grande. Creo que tenía una cita de la agencia de parejas que tenía contratada, ya sabe, cosas de solterones, uno después de tantos años ve que se acerca el final, no quiere morir solo y sigue conservando la esperanza de encontrar ese ángel que parezca aguardarle, sea capaz de hacerle sonreír y le haga ese tilín característico de las novelas, parecen sueños de un adolescente, vanas utopías producto del desajuste hormonal, pero cuando uno tiene mi edad ya se ven las cosas de otra forma, se puede sentir el aliento de la muerte acechando detrás de los espejos, esperando un descuido para llevarnos a su macabro paraíso, entonces uno comienza a entender que es necesario soñar, las utopías alimentan una parte vital de nuestro ser...

-Por favor, cíñase a los hechos.

Disculpe, entienda que a mi edad es fácil derivarse en cosas que para usted pueden parecer banales, pero algún día verá lo hermoso de lo que le relataba. Bueno, volviendo a lo que usted llama "los hechos", yo estaba allí sentado, con mi pajarita, mi clavel en el ojal, mi camisa blanca, impecable, recién planchada y mi traje de chaqueta marengo, porque el marengo es un color que se puede distinguir del gris y del negro,¿sabe? Hum, creo que esos detalles no le interesan. Pues el caso es que yo estaba allí sentado, esperando a ese ángel del que le hablaba antes y entonces entró en la cafetería un tipo un tanto extraño, llevaba sombrero de copa, amplio y espeso bigote, un hombre alto y corpulento, quizás 1'90 de altura y de complexión realmente fuerte, diría que estaba hasta ridículo con ese sombrero, pantalones de raso y gabardina abrochada, pidió un café solo doble, sin azúcar y parecía hablar consigo mismo, farfullando todo el rato entre dientes. Se acabó el café y fué hacia el baño, alrededor de un par de minutos después el tipo volvió, pago con un billete de cinco euros y dejó la vuelta de propina, se abrió la puerta de la cafetería y entonces sucedió todo, los metales se doblaron, los cristales estallarón, el café hirvió, las gentes lloraron, pero todo parecía pasar a cámara lenta, la metralla acudía despacio a la llamada de la carne que debía herir, como si buscara la mejor forma de penetrar en nuestros músculos, era espeluznante. Y eso es todo lo que puedo contarle.

-Lamento decirle que no puedo creer su testimonio y los detalles que da, es usted ciego.

Eso es lo que usted ve de mí, pero los ojos del alma ven más allá que los suyos y sé que a usted también le duele que su ángel haya volado y no tener alas para perseguirle, pero, ¿sabe cuál es el detalle que más me duele desconocer? Jamás sabré si mi ángel estaba allí velando por mí y fue aplastado por la explosión de mis sentimientos. Ahora déjeme, quiero viajar tranquilo...

miércoles, 10 de septiembre de 2008

ANOCHE

Anoche salí a caminar, golpeado por la espesa lluvia, que derribaba mis males al ritmo veloz con el que el viento se fumaba mi cigarro, golpeado por esos puños invisibles que me siguen a todas partes, golpeado por mi mente enferma, aplastado por la indiferencia del mundo hacia la podredumbre de éste. Sé que soy lo que esta sociedad necesita, no sé si soy un héroe, un vengador, un justiciero o sólo un paria, pero se que soy necesario. El humo de mi tabaco me embriaga, necesito su opio vulgar para escapar a la realidad que me enturbia y me asquea, reconozco que estoy enfermo, pero son los tiempos que corren fugaces los que me han llevado a esta situación, no puedo adivinar si viviré para fumar otra noche más, no soy capaz de imaginarme bebiendo otra cerveza con la única gente más o menos sana de esta pocilga, pero lo asumo con valor y la certeza de estar haciendo un bien enorme.

Me calo el sombrero, la lluvia me sana y me molesta por igual, enciendo otro cigarro para compartirlo de nuevo con el aire que refresca mis maltrechos pulmones y que más tarde ayudará al humo a acomodarse en ellos. Compruebo una vez más que todo está en orden, lo está. Avanzó despreocupado y sin miramientos hacia el final, apuro lo que queda de mi tabaco, me intoxico por última vez sintiendo ese delicioso alquitrán penetrar en mi organismo. Consulto mi reloj, soy más exacto que él. Abro la puerta, aspiro el aire denso y turbio del lugar, huele a pecado, a lascivia, a perversión, a alcohol, a tabaco, a drogas, a sudor, a vomitonas, a felicidad, a buenos momentos, a grandes amistades, a amores eternos, a música, el estómago se me da la vuelta. Ahora soy más consciente de mi misión en el mundo. Cierro los ojos un momento y en una fracción de segundo recibo el primer botellazo en la cabeza, me giro, cierro los puños y golpeo a mi agresor con contundencia tumbándolo de un único y seco golpe. Le cojo, le levanto y lo uso de parapeto humano. Como imaginaba sus "amigos" no tienen reparos en disparar contra él con tal de matarme, ruedo hasta la barra, será mi trinchera una vez más. Cojo una botella de bourbon, la pruebo, me regodeo en su áspero sabor, acto seguido saco mi pañuelo del bolsillo, lo introduzco por el cuello de la botella dejando parte de la tela por fuera, saco mi mechero, le prendo fuego y lanzó el cóctel infernal por encima de la barra, se oyen gritos, disparos, pasos acelerados y en décimas de segundo una explosión sacude la sala, entonces los gritos se confunden con el crepitar de la carne quemada. Saco mi escopeta de la espalda, me levanto tras la barra sin pensármelo, si he de morir, moriré matando. Mi primer objetivo es la maldita gramola del fondo del bar, odio la canción que está sonando, el segundo disparo se lo dedico a un granuja que salía del baño subfusil en mano, con unas intenciones probablemente dañinas para mi persona, le acierto de lleno, sus vísceras decoran ahora las paredes y a parte de sus compinches. Aún me quedan cinco disparos y ellos son siete, bueno, puede que muera hoy, así que ¿por qué no derrochar? Cinco tiros, cinco cadáveres más. Ahora quedan dos, uno con una pistola y el otro con un taco de billar, el del billar no es problema, pero el de la pistola parece saber lo que hace, apunta con calma, entonces le lanzo mi escopeta a la cara con la intención de desequilibrarle y hacerle errar el tiro, lo consigo, es mío. Me abalanzó sobre él antes de que pueda reponerse del escopetazo y le parto el brazo con el que empuña el arma, me la quedo, le pego un tiro al pertiguista del billar que venía a vengar a su amigo, luego le vuelo la cabeza al último superviviente. Odio mancharme de sangre, la casquería se quita rápido, pero la sangre cuesta más.

Voy al baño, me quito la máscara, me cuesta respirar, vomito. Limpio la máscara. Entro a mear. Oigo como se abre la puerta del baño y unos pasos de tacón, sigo orinando. La puerta de mi váter se abre y allí aparece ella, virginal, puta, soberbia, humilde, grandiosa, asquerosa, bella. Es la misma imagen de Afrodita y yo un pobre iluso. Me apunta con su magnúm y siento los tiros antes de que apriete el gatillo, mi pecho está en llamas, recibo la primera bala y es indolora, recibo seis más, todas igualmente inocuas. Ella se va satisfecha de su trabajo, yo me voy, satisfecho del mío, orgulloso de haber muerto de amor antes de recibir siete balazos.

Despierto sudoroso y sobresaltado... Espera, ¿sudan los muertos?

martes, 9 de septiembre de 2008

lunes, 8 de septiembre de 2008

SKA SKA SKA!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Dejaos de Ska-p y mierdas diversas, ¡vivan los rudeboys y los sharperos!
¡VIVA EL TWO-TONES!









RUDE BOY DREAMS


domingo, 7 de septiembre de 2008

Zíngaros

Fanfare ciocarlia - que dolor (con kaloome). A la mayoría os parecerá una puta mierda, a mí me flipa, aún así os recomiendo verlo entero para que podáis juzgar o hablar con conocimiento de causa.


viernes, 5 de septiembre de 2008

Microrrelato

No podía resistirme a poner este microrrelato que ví en yonkis.com y que ellos vieron en notodo:

Un profesor, delante de sus alumnos de la clase de filosofía, sin decir ni una palabra, cogió un bote grande de vidrio y procedió a llenarlo con pelotas de golf. Después, preguntó a los estudiantes si el bote estaba lleno. Los estudiantes estuvieron de acuerdo en decir que sí. El profesor cogió una caja llena de perdigones y los vació dentro del bote. Estos llenaron los espacios vacíos que quedaban entre las pelotas de golf. El profesor volvió a preguntar de nuevo a los estudiantes si el bote estaba lleno, y ellos volvieron a contestar que sí.

Después, el profesor cogió una caja con arena y la vació dentro del bote. Por supuesto que la arena llenó todos los espacios vacíos. El profesor volvió a preguntar de nuevo si el bote estaba lleno. En esta ocasión los estudiantes le respondieron con un unánime. El profesor, rápidamente añadió dos tazas de café al contenido del bote y, efectivamente, llenó todos los espacios vacíos entre la arena. Los estudiantes reían.
Cuando la risa se fue apagando, el profesor les dijo: "Quiero que os fijéis que este bote representa la vida. Las pelotas de golf son las cosas importantes como la familia, los hijos, la salud, los amigos, el amor, cosas que te apasionan. Son cosas que, aunque perdiéramos el resto y nada más nos quedasen estas, vuestras vidas aún estarían llenas. Los perdigones son las otras cosas que nos importan, como el trabajo, la casa, el coche... La arena es el resto de las pequeñas cosas"
Continuó diciendo:
"Si primero pusiéramos la arena en el bote, no habría espacio para los perdigones, ni para las pelotas de golf. Lo mismo sucede con la vida. Si utilizáramos todo nuestro tiempo y energía en las cosas pequeñas, no tendríamos nunca lugar para las cosas realmente importantes. Presta atención a las cosas que son cruciales para tu felicidad. Ve con tu pareja a cenar, juega con tus hijos, concédete tiempo para ir al médico, practica deporte, disfruta con tu afición favorita..."
.. y terminó con:
"Siempre habrá tiempo para limpiar la casa, para reparar la llave del agua. Ocúpate primero de las pelotas de golf, de las cosas que realmente te importan. Establece tus prioridades, el resto solo es arena".

Uno de los estudiantes levantó la mano y le preguntó qué representaba el café. El profesor sonrío y le dijo:
"¡Me encanta que me hagas esta pregunta!. El café es para demostrar que aunque tu vida te parezca llena, siempre hay un lugar para dos tazas de café con un amigo." - Anónimo

jueves, 4 de septiembre de 2008

Katy Perry

Me vendieron la moto con este bombón, me dijeron que se parecía bastante a mi Amy y no tiene nada que ver, ha pegado el pelotazo por ser pin-up dulce con toques de lolita y por canciones con títulos como "I kissed a girl" o "You are so gay"(la del videoclip) que en USA os podéis imaginar que escandalizan y apasionan por igual, no sé, a mí no termina de gustarme, esta canción sí me chana, pero las demás no me llaman. En la Rolling Stones de este mes viene un artículo sobre ella, lo leeré a ver si me inspira más confianza. Bueno, pues os dejo con "Ur so gay", en cuanto al estilo pues yo que sé, ¿pop?, juzgadlo vosotros mismos.