miércoles, 9 de junio de 2010

Nublado

En estos días tristes en los que la lluvia de metal fundido es una constante, en estos tiempos en los que nadie sale a la calle solo por mirar el cielo, en estas guitarras que no entienden de música, en estas ventanas que no saben mirar, en estas palabras que ya no quieren decir nada, en este jardín de las delicias…

Han sembrado mil nubes de cartón, usando sólo arañazos y quizás un par de espuelas. Han cortado la luz, el agua y el gas. ¿Pero cómo han podido tapar el sol?

Saltaste de la prosa al verso y desde allí te escapaste para no volver, curiosa huida la tuya de un sitio donde nunca fuiste presa. Dicen que te han visto por Lima. Sí que llegaste lejos, vaya. Siempre supe que valías mucho, pero nunca quise demostrártelo y ahora mírame, a través de tu espejo o en aquella vieja foto desgastada, mírame y llora. Trata de contar mis canas, intenta memorizar mis arrugas, prueba a secar mis lágrimas con las tuyas. Mercurio y plomo.

Supiste que me iba cuando miraste hacia atrás, pero yo ya me había ido. Dices que viste una estrella fugaz, pero yo aguante hasta que moriste, buscándote allí donde sólo yo podía encontrarte. Me fui de paseo, por primera vez sin el bastón de tu mano, y tuve miedo y pasé vergüenza. Un hombre tan solo y tan perdido, siguiendo un mapa de estrellas. Día y noche.

Un beso, que es en la melodía de tu boca la nota más hermosa y en la mía el recuerdo más amargo. Los meandros de este río, los claros de esta selva, el fuego del napalm, la poesía de Vallejo, las tostadas del hotel, los bailes de aquel joven ya muerto, la risa de las abuelas, las sillas de mimbre, las agujas del sastre, el tic-tac de la máquina del doctor, el tacto de las sábanas frescas, la lechuga recién lavada, las nubes de humo, los escombros, el alzhéimer, todo lo olvidamos y ya no entendemos nada. Cuerdas y madera.

Nunca volvió a saber de aquella muchacha que alegraba sus tardes de verano en el pueblo, si bien nunca la conoció, siempre fue su mejor consejero. No estaba tan triste después de todo. Quizás incluso estaba un poco alegre, aunque no sabía si se debería al vino o a ese sabor dulzón que le bajaba como desde la nuca. En cualquier caso, el suelo de aquel bar le resultaba tremendamente cómodo, no os diré qué canción sonaba, os la tarareo: “Tatatatan tututun ta-ta-ta-tan tatan…” Así se le quedó la vista y se dio cuenta de que no trabajaría nunca más. Cristal y negrura.

¡Su primera palabra! ¡A los trece años! ¿Y qué ha dicho? ¿Qué más da? No sé, tenía curiosidad. El caso es que ha hablado. “Ahora ya está todo emborronado”. No tenía sentido haberlo repetido todo, pero nadie decide cuándo se forman los bucles, cuántos años has de perder y dónde los ganarás. De todas formas, merece la pena, que el río una vez seco, es un laberinto en el que sólo viven cangrejos, que desandan eternamente el camino que hicieron, para no perderse. Quizás buscan el agua que se fue. Amo y odio.

Que plantaron sí, que lo plantaron te digo, pero que sigo sin saber cómo se las apañaron para tapar el sol.

3 comentarios:

Javier dijo...

Bueno, ya sabes como es el sol, le gusta hacerse de rogar... Por eso se va de vez en cuando, para que le escribas estas cosas, y te des cuenta de otras muchas.

J. Hache (no de Horatio)

Prometeo dijo...

"odi et amo. quare id faciam, fortasse requiris./
nescio, sed fieri sentio et excrucior."

Que vendría a ser:

"Odio y amo. Por qué lo hago, tal vez preguntes./
Lo desconozco, pero siento que sucede y me consumo."

Ayer pensé que toda la vida es un blues, y que no hay un "para qué hacer las cosas", sino un "por qué". De todas formas, he aprendido a apreciar los días nublados y la lluvia; son más elegantes, el sol no siempre tiene por qué significar alegría y vida. La lluvia es nacer y crecer.

Prometeo dijo...

Si tú fueras peruano y yo chileno y tuvieses un martillo y yo un taladro; y bajases a comprar el pan, y yo escuchase al viento de la noche girar en el cielo y cantar...