martes, 3 de febrero de 2015

Hiperhidrosis

Le vino bien que entrara aquel aire gélido por la ventana rota, a pesar de que, por algún motivo inexplicable, seguía sudando más que Striker en Aterriza Como Puedas. La verdad es que su sudor no era lo único difícil de explicar en aquella situación, de hecho, es posible que fuera consecuencia de la maldita salsa que tomó en el restaurante mejicano hace escasamente una hora y media, picaba tanto que bien podría haber sido el sudor de Satán. Sería pertinente también tener en cuenta que vive en un edificio con calefacción central, lo que normalmente es una ventaja en vez de un inconveniente, pero en este caso él es la única persona de menos de setenta y dos años en todo el bloque, y eso implica imaginarse a ancianos hasta arriba de sintrom frente a lo que quiera que sea que controla la temperatura de los radiadores, maldiciendo y golpeando el cacharro ese porque no sube de cincuenta grados. Otro factor importante es el hecho de que no se había quitado todas las prendas de abrigo que, cautamente, se puso antes de ir al restaurante. El caso es que hacía frío suficiente para llevar todas esas prendas, incluso las orejeras y el pasamontañas, y que, hasta ahora, no había pasado calor alguno y ni una sola gota de sudor se había asomado a su frente. ¿Por qué diantres sudaba tantísimo entonces?

Puede que en el trayecto del restaurante a su casa desarrollara algún tipo de enfermedad extraña y desconocida que provoca una sudoración extrema e inaudita en el enfermo, quizás incluso sea él el primer caso en el mundo. El principio de la navaja de Ockham nos lleva a descartar esta opción, pero ese mismo principio obliga a pensar que el propio Ockham nunca sudó de esta manera, ¿vamos a seguir entonces las ideas de un tipo que nunca ha estado en la piel de otro tipo que suda como ningún otro tipo sudó nunca en toda la creación? ¿Es que estamos locos o qué? Otra explicación plausible sería que en vez de ser sudor fuera simplemente agua y que este sudoroso individuo estuviera calado sin darse cuenta pero, con el frío que hace, es imposible que no se hubiera dado cuenta de que estaba calado, salvo que hubiera contraído, en el transcurso del restaurante a casa, una enfermedad nueva cuyo único síntoma consiste en que el enfermo no es consciente de que se moja cuando se moja, pero a mí eso me parecen muchas enfermedades desconocidas para una sola persona en tan poco lapso de tiempo. Supongo que Ockham pensaría lo mismo.

Dejando el asunto de las enfermedades aparte, seguía siendo inexplicable la sudoración de este tío. Sudaba tanto que Dios estaba desesperado buscando el número de Noé para encargarle un arca nueva. Sí, estoy afirmando que incluso Dios desconocía el motivo por el que este hombre sudaba de esa manera desproporcionada y cruel. Buscando el lado positivo a este extraño suceso, al menos no era una persona de esas que tienen un sudor muy fuerte, de hecho parecía no oler a nada, aunque tengo la ligera sospecha de que si esto se alargase terminaría apestando. Era como un sobaco en Almería en agosto, pero del tamaño de un hombre. Algo inaudito, pero que podría explicarse simplemente con un fenómeno orgánico que todos conocemos bien: la sudada de un domingo de resaca. El cuerpo expulsa toxinas y mierda en general que no ha sido capaz de eliminar mediante la orina, el vómito y las heces, generalmente diarreicas, que llevan produciéndose desde el momento en que el nivel de toxicidad del organismo es más alto de lo tolerable. Sin embargo, él no estaba de resaca, ni siquiera había bebido alcohol o se había drogado en los últimos dos meses.

¡Ya lo tengo! El tío está nerviosísimo por el motivo que sea, a lo mejor va a cometer un delito o a rodar su primera escena porno o acaba de encontrarse a Inda y Marhuenda desnudos dentro de su cama o no termina de creerse que los billetes nuevos de diez y cinco euros son de curso legal. Pero no, el tío está tremendamente tranquilo salvo por la cantidad de líquido que está perdiendo por cada uno de los poros de su piel. En realidad lo único que le preocupa es algo de lo que nosotros nos hemos olvidado llegado este punto, ¿cómo se ha roto la ventana?

4 comentarios:

Pseudonada dijo...

Todo muy rollo Góngora; y no te enteras si no te centras.

Pero he caído. GG Wp.

Ángela Velasco Bello dijo...

Me ha encantado, Miguel. Divertido cien por cien. Maldito sudor!!

I'm LuciFer's AngEl dijo...

Un texto muy ágil y muy hábil, Miguelo. Me ha encantado; por favor, siga usted escribiendo.

Miguel Guardiola Martínez dijo...

¡Muchas gracias a todos!