domingo, 8 de abril de 2012

Alas de laurel

Hoy quiero hablaros desde aquí abajo, desde el fondo del pozo, desde lo más hondo de vosotros mismos, desde lo más hondo de mí, desde las entrañas del mundo. Me dirijo a vosotros desde este púlpito de la mierda y la desilusión, saliendo por la puerta grande de la desesperanza, cabalgando derrotado los hombros del fracaso y la soledad, con un único fin: volar.

Sí, amigos, eso he dicho, volar. Porque a mis 22 años no he levantado ni un palmo del suelo y he visto romperse muchas veces los platos de la vajilla de mis sueños. Y no ha pasado nada, literalmente, nada. Sigo vivo, viviendo, no sobreviviendo. Sigo soñando aunque me resista a creerlo la mayor parte del tiempo. Sigo creyendo en algo que no se definir, aunque sea un descreído. Sigo teniendo ilusiones a pesar de que no sea capaz de darme cuenta muchas veces.

Hace poco tiempo y gracias a que soy previsor, amante y ladrón furtivo de los recuerdos, un Diógenes de cosas inacabadas y/u olvidadas, he podido ponerme a pegar los trocitos de esa vajilla. Despacio, poco a poco, como si el tiempo fuera tan amable de detenerse mientras yo persigo al futuro con las huestes de mi presente. Me atrevería a decir que de tanto tirar del hilo, acabaré teniendo unas palabras de más con las Moiras.

En resumen, no he levantado ni un palmo del suelo, pero ya muevo las alas. Y esto se lo debo en buena medida a toda esa gente que de una manera u otra ha confiado en mí y me ha apoyado, a los que están siempre ahí, a los que se fueron, a los que vinieron, a los que van y vuelven, a los que ni llegan a venir ni llegan a irse, a los que quieren estar y no pueden, a los que quieren irse y no pueden, a todos.

Pero sí debo y quiero poneros una pega. Simplemente esta: no soy un artista, ni un genio, ni un sabio ni nada, no soy nada, sólo aire. Soy tan importante o tan mediocre como todos vosotros. Por esto, os agradezco vuestros laureles, pero guardadlos para cuando algo o alguien los merezca. No los malgastéis ahora para lamentar su falta después. Nunca hice nada por ser halagado, por reconocimiento o por recibir tributo de ninguna clase, todo lo hice sólo por volar. Y si yo estoy pudiendo, todos podéis.

Arreglad vuestra vajilla, saltad desde lo más alto, elevaos, bailadle a la vida en su propia melodía, entonces, haremos ricos guisos con todos esos laureles malgastados, porque como ya dije, colecciono cosas olvidadas.

Nos vemos en las nubes.

4 comentarios:

P. Lavilha dijo...

Mover las alas ya es un gran paso, yo creo que me asoma alguna pluma aquí detrás, por el omóplato... pues eso, nos vemos en las nubes.

un abrazo.

Dr. Tocomocho dijo...

A ver qué hago, que siempre voy dejando trozos de la vajilla por ahí, como recuerdos o nosequé, pero es que la emoción del momento puede más, siempre puede más. Mientras sean vuelos irresponsables, sin conocimiento ni mesura ninguna, nos saldrán las alas de vez en cuando. Cuando te acostumbras a ellas y quieres desentrañar su misteriosa causa, desaparecen. Como la vajilla, todo sea dicho.

sara dijo...

Yo esta tarde voy a darte uno de esos laureles que tanto mereces, creo firmemente que no lo malgasto. Eres para mi asombroso y siempre que te leo me quedo petrificada, sabes como engatusar al lector y eso me gusta. Vuela, que nadie te lo impida :)

Iósiv dijo...

Un abrazo.