jueves, 5 de abril de 2012

Duérmete

Y la avellana contempla, desde su baño de almíbar. La otra avellana duerme o eso creo. Escocia se funde en la España más castiza, esa España de la basura y las flores. La jungla está a punto de comernos, trepa, trepa, trepa y sus lianas se asoman coquetas a nuestros pies. Desde luego, sólo faltan las uvas.

El terciopelo acaricia lo intocable y un infantil cowboy protege lo suyo con garras de oso y colmillos de fiero jabalí. Cientos de estalactitas y de estalagmitas juguetean en las inmediaciones de tu trono. Al abrigo del pueblo te cobijas de repente, aunque esas gentes no saben lo que este viejo alquimista ve.

Como el gallo que canta a la mañana, salgamos esta noche. Atravesando cortinas de humo corramos desnudos por un césped entre los escupitajos de aspersores de cerveza. ¿Qué hago, me tomo un café o me voy a acostar? Cuidado, que aún te escuece el mundo. Tienes razón, voy a ver si me duermo.

Espera un segundo. Dos. La dosis necesaria para mí siempre es insuficiente, llámame adicto o lo que quieras, pero dame más. El minutero se ha cansado de esperar, se ha ido con otra, puto golfo. Bueno, déjalo, mejor que haga esas cosas ahora que aun hay tiempo. Sí, sí, si eso está claro, pero joder, siempre igual. No pasa nada, tú duérmete.

"A ella le parece todo muy fácil, duérmete me dice, como si eso fuera algo que yo pudiera hacer."

2 comentarios:

P. Lavilha dijo...

Éstos son los textos que a mí me gustan, cuatro disparos.

Apócrifo Amargo dijo...

Ostia, no había leído esto, es cojonudo. Me sabe a lentejas y arroz de todos los días. Por cierto,